Thursday, April 29, 2010

El viaje y el viajero

En las novelas Patagonia Express por Luis Sepúlveda y La Siberia por Cristina Siscar, estamos contado historias enredadas en unas obras que incluyen elementos de varias formas de literatura. Las dos historias son muy diferentes, pero también tienen muchas similitudes. Las dos son novelas de viaje y tienen muchos elementos que describe Michel Butor en su ensayo “Travel and Writing” y también que comenta Silvia Casini en el ensayo “Luis Sepúlveda: un viaje express al corazón de la Patagonia”. De acuerdo con Casey Blankton, << the persistence of this kind of writing is undoubtedly related to human curiosity and to a travel writer’s desire to mediate between things foreign and things familiar, to help us understand that world which is other to us>> (Blankton, 2). La literatura de viaje es muy interesante al lector, y es escrito en una manera que la relaciona con todos las otras formas de literatura de viaje.
En su ensayo, Casini describe las características de la escritura de viaje como <> (Casini, 3). Se puede reconocer ejemplos de cada característica (menos una) en ambas novelas. En La Siberia, no se puede encontrar un vínculo entre literatura y viaje. Hay muchos ejemplos en la Patagonia Express, por ejemplo, las referencias a Cervantes y Dulcinea – el nombre que llamaron a una gallina en la cárcel. Otro ejemplo es el libro que le regaló el abuelo al narrador: Así se templó el acero por Nicolai Ostrowisky. Los poemas del libro Los jardines por Amado Nervo están mencionados también cuando un militar intenta decir que los poemas de Nervo eran de él. Pero en La Sibera, no hay ningún elemento literario que aparezca explícito en el texto.
Otro de los elementos descrito por Butor es la razón de viajar. Entre las dos historias las razones son muy distintas. En La Siberia, los personajes están de vacaciones, y por eso están viajando a la Patagonia. Esas personas son turistas (Siscar, 12) y algunos de ellos compraron ese tour porque era <> de acuerdo con una agencia de Viena (Siscar, 13). Butor describe las vacaciones como <> (Butor 75). Dice que durante las vacaciones, no hay una residencia fija, y que hay que vagar entre la de que salió y la en que llegará al fin de las vacaciones. Casi al fin de la novela La Siberia, los pasajeros se enojan por cómo les ha ido sus vacaciones. << --- Y a nosotros, ¿Quién nos paga? ¿Quién se hace responsable? Eran nuestras vacaciones --- protestó, casi al borde de la desesperación, la enfermera embutida en calzas>> (Siscar, 89). De acuerdo con Butor, las vacaciones son una manera de escapar de la vida cotidiana. Por eso podemos ver la palabra “eran” cuando la enfermera dice <>. Se había cambiado en este punto a otro tipo de viaje. Pero al empezar, el viaje de La Siberia era de vacaciones.
También, La Siberia tiene algunos vínculos con el viaje de exploración. De acuerdo con Butor un viaje de exploración es cuando << we set off for an unknown region (rather: a poorly known, or foreshadowed, one); only rarely can we trust récits or our own plans; by going to the other side of the physical or mental horizon we stretch this horizon>> (78). Los viajeros de La Siberia están tomando un viaje de exploración, porque ellos no están acostumbrados al ambiente de la Patagonia, ni a las costumbres, ni al tiempo, ni la ruta en donde viajan. Tienen necesidad de un guía como el del tour. Butor comenta: <> (78 – 79).
Por otra parte, en Patagonia Express, el narrador no viaja porque tiene el deseo de viajar, ni está de vacaciones. Para él la Patagonia no es un lugar exótico, sino es su hogar y de dónde tiene su origen. El narrador tiene que viajar porque está en exilio de Chile, su país. Siempre tiene las ganas de volver a su país, pero por razones políticas, no puede volver. < >> (Patagonia Express, 93). De acuerdo con Butor, <> ( Butor, 74).
También en Patagonia Express, hay otros elementos de viaje. El narrador eventualmente regresa a su país de origen. Al empezar la novela, el abuelo del narrador le regala un libro: Así se templó el acero por Nicolai Ostrowisky. Cuando se lo regala, hace que le haga dos promesas y una de esas es <> (Patagonia Express, 19). Cuando el narrador regresa a Sudamérica, se va a la Patagonia y empieza su búsqueda por Martos. De acuerdo con Butor, un peregrinación es cuando alguien << carries his question there and expects a response, a curing of the body or soul… Later, the pilgrimage becomes a journey to those places which speak, which tell us of our history and ourselves>> (Butor 77). El narrador cumple la promesa hecha con su abuelo, y encuentra que Martos era la ciudad en donde había crecido su abuelo y conoce al hermano de él. Declara: <> (Patagonia Express, 178).
Otro elemento del viaje que describe Butor es el vehículo que transporta los personajes por donde viajan. Los viajeros de La Siberia toman su viaje en un <<ómnibus pintado de color naranja>> (14). Eso es su vehículo que los lleva para conocer a otro parte. Butor relata que es muy importante tener o poder usar un vehículo <> (80). Aprendemos luego que el ómnibus tiene problemas y deja de funcionar. Entonces algunos pasajeros toman otros tipos de vehículo para salir de esa área. La mujer con ojos grandes habla sobre su otro modo de transportación: < El vehículo más interesante de la Patagonia Express no era un modo de transporte literal sino una metáfora para algo con más sentido. En los Apuntes sobre estos apuntes, Sepúlveda explica que lo ha <Patagonia Express, como un homenaje a un ferrocarril que, aunque ya no existe, pues la poesía se declara poco rentable en nuestros días, continúa viajando en la memoria de los hombres y mujeres de la Patagonia>> (Patagonia Express, 11). De acuerdo con Silvia Casini, <> (Casini, 5).
Otro vehículo muy importante e interesante en la Patagonia Express es el avión que tiene que tomar el narrador para llegar desde Shell, Ecuador a San Sebastián del Coca. <> (Patagonia Express, 157). Le da cuenta al narrador que este vehículo es muy peligroso y se arrepiente de decidir tomar la decisión de volar con el “Capitán Palacios”. Se puede reconocer las condiciones y también la actitud que tiene el piloto sobre el estado de su avión, y causa tensión en el narrador y también en el lector. Intenta avisar al piloto cuando dice: <> (Patagonia Express, 158).
La literatura de viaje es un género que se hace muy difícil de describir. Es una combinación de textos científicos, emocionales, históricos y ficticios. Dice Elton Glaser en su ensayo “Hydra and Hybrid: Travel Writing as a Genre”, <> (Glaser, 51-52).


Butor, Michel. “Travel and Writing.” Defining Travel - Diverse Visions. Susal L Roberson (ed.) Jackson: University Preg of Mississippi, 2001: 69-85.

Casini, Silvia. "Luis Sepúlveda: Un Viaje Express Al Corazón De La Patagonia." Alfa (Osorno) N-20 (103-120) Diciembre 20 (2004): 1-13. Ares. Web. 18 Apr. 2010.

Glaser, Elton. "Hydra and Hybrid: Travel Writing as a Genre." North Dakota Quarterly Summer 1991: 48-53.

Sepúlveda, Luis. Patagonia Express. Barcelona: Fabula Tusquets Editores, 2009.

Siscar, Cristina. La Siberia. Buenos Aires: Mondadori, 2007.

Ejemplos de Butor del viaje en la novela La Siberia

En la novela La Siberia escrita por Cristina Siscar, podemos ver varios ejemplos del viaje definidos por Michel Butor en su ensayo “ Travel and Writing”. Estos ejemplos incluyen las vacaciones, la exploración, y vehículos.
El ejemplo de las vacaciones es uno que podemos ver varias veces sobre la novela La Siberia. Los pasajeros en el tour están de vacaciones, y por eso están viajando a la Patagonia. Son turistas (Siscar, 12) y algunos de ellos compraron ese tour porque era <> de acuerdo con un agencia de Viena (Siscar, 13). Butor describe las vacaciones como <> (Butor 75). Dice que durante las vacaciones, no hay una residencia fija, y que hay que vagar entre la de que salio y la en que llegara al fin de las vacaciones. Casi al fin de la novela La Siberia, los pasajeros se enojan por cómo les ha ido sus vacaciones. << --- Y a nosotros, ¿Quién nos paga? ¿Quien se hace responsable? Eran nuestras vacaciones --- protestó, casi al borde de la desesperación, la enfermera embutida en calzas>> (Siscar, 89). De acuerdo con Butor, las vacaciones son una manera de escapar de la vida cotidiana. Por eso podemos ver a la palabra “eran” cuando la enfermera dice <>. Se había cambiado en este punto a otro tipo de viaje. Pero al empezar, el viaje de La Siberia era vacaciones.
El viaje de exploración es cuando, de acuerdo con Butor, << we set off for an unknown region (rather: a poorly known, or foreshadowed, one); only rarely can we trust récits or our own plans; by going to the other side of the physical or mental horizon we stretch this horizon>> (78). Los viajeros de La Siberia están tomando un viaje de exploración, porque ellos no están acostumbrados al ambiente de la Patagonia, ni a las costumbres, ni del tiempo, ni la ruta en donde viajan. Tienen necesidad de un guía como el del tour. Butor comenta: <> (78 – 79).
Los viajeros de La Siberia toman su viaje en un <<ómnibus pintado de color naranja>> (14). Eso es su vehículo que los lleva para conocer a otro parte. Butor relata que es muy importante tener o poder usar un vehículo <> (80). Aprendemos luego que el ómnibus tiene problemas y deja de funcionar. Entonces algunos pasajeros toman otros tipos de vehículo para salir de esa área. La mujer con ojos grandes habla sobre su avión, y como lo va a perder por el estado del ómnibus. Esto es otro ejemplo del vehículo utilizado en el contexto del viaje.
Un ejemplo más del viaje no está presentado en la novela La Siberia, pero es algo que podemos ver sobre nuestras propias vidas. Leemos la novela, porque para nosotros, el leer es viajar. De acuerdo con Butor, leer es como escapar. Una persona que lee <> (70). Aunque nosotros no podemos viajar a todos lados, podemos leer y viajar con el viajero que nos ha escrito una historia sobre sus experiencias y podemos imaginar cómo es para estar con este viajero.


Butor, Michel. “Travel and Writing.” Defining Travel - Diverse Visions. Susal L Roberson (ed.) Jackson: University Preg of Mississippi, 2001: 69-85.

Siscar, Cristina. La Siberia. Buenos Aires: Mondadori, 2007.

La “zona de contacto” y la “feminotopía”

En Imperial Eyes: Travel Writing and Transculture, Mary Louise Pratt habla sobre muchos temas que están relacionados con la escritura viajera específicamente escritos por mujeres viajeras. Unos de los aspectos definidos en su literatura son los de “Zona de contacto” y “feminotopía”. En la literatura escrita por Eduarda Mansilla y la de Mariquita Sánchez, podemos ver ejemplos de la existencia de esos también. La literatura de Mansilla y Sánchez, mujeres escribiendo sobre lugares muy distintos, y viajando por razones diferentes, es un excelente ejemplo para definir las ideas de Pratt.
Para poder dar ejemplos de la “zona de contacto” en la literatura de Mansilla y Sánchez, primero hay que saber lo que es esa Zona. De acuerdo con Pratt, la “Zona de contacto” es <> (Pratt, Intro. P.6). Así, una frontera colonial describe el choque de dos culturas – muchas veces con dos idiomas distintos, en que podemos ver que hay una distinción muy aparente, en donde la escritora hace (o no hace) ciertas decisiones en juzgar a la otra cultura, o abrazarla. Pratt continua: << “contact zone” is an attempt to invoke the spatial and temporal copresence of subjects previously separated by geographic and historical disjunctures, and whose trajectories now intersect>> (intro. P. 7). Antes de la habilidad de viajar, no había “zonas de contacto” porque había una “copresencia” de personas. La única vez que había algo similar era durante una guerra, y durante la guerra, no hay un reconocimiento de la cultura o las ideas del otro. Como que, las autoras Eduarda Mansilla y Marquita Sánchez no viajaron para luchar en ninguna guerra, tenían la habilidad de escribir y comentar sobre sus experiencias.
Eduarda Mansilla, nacida en Buenos Aires, Argentina, era la sobrina del gobernador Juan Manuel de Rosas. Fue educada en francés, y lo hablaba con fluidez. Cuando tenía doce años, fue traductora para su tío en sus negocios. De acuerdo con “Mujeres en viaje”, el libro que escribió Mansilla sobre sus viajes <> (Mansilla, 86). Ella, en su viaje a los Estados Unidos Americanos, hizo muchos comentarios sobre la vida cotidiana de los yankees en Nueva York, y sobre el estilo y las modas de las mujeres. Su escritura trata más sobre las vidas de las otras personas y menos sobre su propia vida. Habla sobre el idioma inglés norteamericano y la “zona de contacto”. <> (Mansilla, 89). Ella no está acostumbrada a la mezcla de lenguaje por su cultura en la Argentina, aunque debía de haber unas palabras argentinas que vienen de una lengua u otra indígena, etcétera. Otro ejemplo de la “zona de contacto” en la escritura de Mansilla existe en el estereotipo que tenían los americanos sobre los brasileros y las hispanoamericanas. <> (Mansilla, 100). Aquí vemos que el estereotipo llegó a ser una “zona de contacto” para Mansilla. Ellos piensan una cosa de ella, aunque no sea verdad, y la idea choca con ella, hasta cuando ella la toma por chiste en vez de juzgar a la gente. Otra “zona de contacto” que yo pienso graciosa es cuando ella llega a un hotel en Saratoga que <> (Mansilla, 105). Su habitación fue tan pequeña que no pudieron pasar sus baúles por la puerta. << “Pero ¿Cómo hacen esta mujeres”, preguntaba yo indignada a nuestro paciente cicerone, “para vestirse con tantas zarandajas en esas cuevas que ni espejo tienen?”, y Molina, sonriendo, respondía: “Son yankees, señora”. >> (Mansilla, 106).
Como lo que vimos en la escritura de Mansilla, también podemos reconocer unos ejemplos de la “zona del contacto” en la escritura de Mariquita Sánchez. Sánchez, como Mansilla, era de Argentina, nacida en la Colonia. Era hija única de una familia española, y era gran patriota de Argentina. En sus cartas mandadas a su hija Florencia desde Montevideo, reconocemos ejemplos de su vida cotidiana, y mientras fuera de su país, vemos que ella está preocupada con su familia y con lo político, y pide sin cesar saber de los dos. Un ejemplo de una “zona de contacto” es algo muy sencillo. Hablando de su vida cotidiana describe los eventos cuando manda a alguien de compras. Dice: <> (Sánchez, 48). Sánchez, por haber estudiado en Francia, tiene la mentalidad europea, y a veces juzga a la gente por cómo hablan o por cómo se portan. Este es un ejemplo en donde yo veo este prejuicio. Aunque no dice que es malo que ella llame al comercio la pulpería, lo menciona en una manera que insinúe que no es la manera correcta de hablar o la palabra correcta de usar. Yo creo que estar sin cocinero o cocinera es una “zona de contacto para ella también, porque se lo menciona varias veces sobre todas las cartas escrita a Florencia. Lo menciona en página 32 y a la vez, está tan desesperada por no tener a uno, que juzga a todo el país exclamando: << ¡Qué desgracia de países! No se puede pensar lo que nos dan que hacer estas gentes. Es la amargura de nuestra vida. >> Luego, menciona la ausencia de una cocinera en página 36: <<…pierdo la paciencia, sin cocinera, con una bestia que no sabe ni entiende nada…>> y también en página 51: <>. Noto que Sánchez usa sus observaciones dentro la “zona de contacto” para juzgar o ejemplificar sus prejuicios sobre el país en que está viviendo cuando se está enfrentada con estrés o preocupaciones.
Vayamos a otro aspecto importante de la narrativa de viajes. De acuerdo con Mary Louise Pratt, las "feminotopías" son <> (Reinventing América II, 166-7). Podemos ver esta existencia de las "feminotopías" en los viajes de Mansilla y Sánchez, y cómo se reaccionan estas mujeres sobre lo que observan mientras viajando.
Eduarda Mansilla menciona la existencia de la “feminotopía” aunque no utiliza esta palabra para describirla. Describe: << La mujer americana practica la libertad individual como ninguna otra en el mundo, y parece poseer gran dosis de self reliance (confianza en sí mismo). >> (Mansilla, 99). Ella esta impresionada de la manera en que las muchachas y mujeres se comportan, porque en Argentina, durante esa época, las mujeres no tenían permiso de andar como las mujeres americanas. Mansilla describe en gran detalle la influencia de las mujeres estadounidenses que tienen en los periódicos en la pagina 101. Dice: << Las mujeres influyan en la cosa pública por medios que llamare psicológicos e indirectos>>. Mansilla dice que las mujeres tienen una manera de decir lo necesario, como los hombres, pero con estilo estético y atractivo.
Hay instancias de la “feminotopía” en las cartas de Mariquita Sánchez también. Pero esa “feminotopía” existe en la mente de ella y no en su realidad. Ella está muy limitada en lo que puede hacer como mujer y estando en otro país. Pero tiene unas ideas políticas que quisiera realizar, y apoya el feminismo con mucho vigor. Dice: << ¡Qué loca estoy por ir a ver a todas mis patriotas! Voy a escribir la historia de las mujeres de mi país. Ellas son gente. >> (Sánchez, 44). Luego habla sobre la posición social de las mujeres, las casadas, las solteras, y la manera de que las mujeres, digo las sirvientas de su casa se están enamorando y cayendo en problemas. Remarca a su hija: <> (Sanchez, 56).
Eduarda Mansilla y Mariquita Sánchez son dos mujeres que escriben con distintas intenciones, pero que observan similares sobre la vida. Notamos entre las tres unas “zonas de contacto” y “feminotopias”, y notar eso ayuda a leer otras obras de literatura de viajes.

Bibliografía

Mansilla, Eduarda. “Eduarda Mansilla – El viaje diplomático de una sobrina de Rosas”. Mujeres en viaje. [ Alfaguara.] Buenos Aires, Argentina: 2000. [83-109]

Pratt, Mary Louise. “Introduction: Criticism in the contact zone”.Imperial Eyes: Travel Writing and Transculture. New York, NY: Routledge Publications, 1992. [1-11]

Pratt, Mary Louise. “Reinventing América II: The capitalist vanguard and the exploratrices sociales”. Imperial Eyes: Travel Writing and Transculture. New York, NY: Routledge Publications, 1992. [ 144-171]

Sánchez, Mariquita. “Mariquita Sánchez – Cartas desde Montevideo”. Mujeres en viaje. [ Alfaguara.] Buenos Aires, Argentina: 2000. [21-57]


Perdidos en el Mundo Resplandeciente

Éramos cuatro: Mateo Passarelli, mi hermano y dueño de nuestro barco, nuestras esposas Claudia y Savannah, y yo, Derek Passarelli, el coordinador del crucero privado al Polo Norte. Salimos de Islandia el 4 de agosto del 2007, en un viaje que pensábamos que iba a durar 23 días, pero que nos ocupó tres meses de nuestras vidas.
Claudia, mi mujer, siempre había tenido las ganas de viajar por todo el mundo, y casándose conmigo, realizó esa parte de su vida. Yo dispongo de buenos recursos económicos, y también vengo de una familia con dinero. Todo lo que tengo, lo gasto en ella, y lo hago con mucha felicidad. Si ella quiere un anillo, se lo compro para ella – que aunque no me pida las joyas (a ella le gusta trabajar por lo que quiere), me encanta regalar los objetos bonitos a mi mujer, y cuando abre los regalos, chispen sus ojos verdes con la alegría de la vida. Es muy generosa mi esposa, y si a alguien le gusta lo que tiene ella, se lo regala. Es muy apasionada en su manera de ser y de hablar – tanto como su cabello anaranjado y rojo - liso como el fuego.
Ella decidió ser nuestra guía por el viaje, que eventualmente no sería la mejor opción para nosotros. Salimos bajo su dirección desde Islandia con la intención de pasar un día en cada isla, explorando el Mar de Noruega hasta que llegamos a la Isla Feroe. Planeamos visitar cada isla por un día, dormir la noche en el barco, y continuar nuestro viaje al día siguiente. Las islas no eran muy lejanas una de la otra, y pensamos en dormir temprano cada noche y levantarnos temprano también, para ir a la otra isla por la mañana, y llegar no muy tarde en esa mañana.
La Isla Feroe era hermosa. Era más pequeña que las otras islas que vimos en nuestro viaje, y mucho más pequeña que Islandia. Era un lugar en el que nada crecía, pero aún estaba muy bonita. Habían glaciares y montañas de hielo, que reflejaban la luz del sol en el día, y brillaba azul con la luz de la luna por la noche. No habían habitantes en la isla, y entonces, no teníamos problemas con ninguna persona allí.
Al día siguiente, fuimos a la Isla Orladas – que se parecía mucho a la isla Feroe, pero era mucho más grande. Tampoco había habitantes, pero había algo muy interesante. Crecía, en medio de la isla de hielo un árbol que parecía un árbol de piña gigante con ramas que se extendían diez metros cada una. La fruta de ese árbol fermentaba la base de ese árbol, y pensábamos que era una lástima que hubiera tanta fruta, y nadie para comerla. Obtuvimos unos pedazos de esa fruta para llevar con nosotros en el viaje, que también parecía como la fruta de piña, pero era mucho más grande, y tenía el sabor más dulce, como si alguien fuera a agregar azúcar de caña en cada pedazo.
Luego salimos por la Isla Shetland, porque Claudia y Savannah pensaron que había perros Shetland en esa isla. Desafortunadamente, Claudio se perdió y entonces nos perdimos todos. Saltamos la Isla Shetland, y las mujeres perdieron su oportunidad de ver a los perros, y lleguemos en seguida a la Isla de los Hombres Simio. Bajamos en la isla y fuimos explorando cuando de repente, nos atacó uno de esos hombres simios. Intentaron lanzarnos pero nosotros habíamos sido instruidos en las artes marciales antiguas. Después del episodio, nos dimos cuenta de que el hombre simio había secuestrado a Savannah, la mujer de mi hermano Mateo. El no sabía qué hacer. En esas horas, ya era noche, y tuvimos que regresar a nuestro barco. Pasamos la noche allí, pero nadie durmió, por lo tanto estábamos preocupándonos por Savannah. Seguimos 6 noches allí, sin remedio. No la pudimos encontrar durante el día, y en estas partes, casi nadie vive, y la señal de nuestros teléfonos celulares no nos alcanza. Pensábamos que la tendríamos que dejar allí en la isla, porque estábamos comiendo toda la comida que teníamos, y no pensábamos que la hubiera encontrado. Mientras estábamos preocupándonos tanto en nuestro barco, había un tornado que pasó por toda la isla de los Hombres Simio, arruinando sus casas, y suponemos la cárcel en donde estaban guardando a la mujer de mi hermano. Ella nos encontró, y llorando, nos comandó que saliéramos de allí.
La preguntamos si ella quería seguir con el viaje, y ella nos aseguró que sí, quería seguir, aunque no quería hablar sobre lo que le había pasado durante esos días, y tampoco quiso hablar de nada nuevo con nosotros. Ese incidente la cambió, y no creo que fuera para bien.
Después, seguimos en la dirección norte para llegar a la isla de los Hombres Urraca, pero ese día, había una tormenta muy grande que nos quitó de nuestro itinerario y plan. Claudia pensaba en corregir lo malo que nos estaba haciendo la tormenta, y luchaba con las fuerzas del mar. Pero sin remedio, porque cuando se acabó la lluvia y viento, nosotros estábamos perdidos. Savannah empezó a volverse loca, y con la intención de hacerse daño a su misma y también a su marido y a Claudia. Mateo, con mucha simpatía por ella, le dijo que íbamos a estaría de esas aguas muy pronto y que todo sería bien.
Pero quedamos sin rumbo entre el Mar de McKinley y el Mar de Groenlandia, y bajo la dirección y navegación de Claudia, seguimos perdidos por un mes. Ya se acababa nuestra cantidad de comida y provisiones que teníamos empacadas, y Savannah siguió peor. Sus ojos que anteriormente eran de un azul brillante ya estaban perdiendo su chispa y color, y su cara, antes llena de color y alegría se veía pálida; las mejillas hundidas en la cabeza.
Mateo, mientras miraba por el horizonte, vio a unas focas nadando cerca del barco. Teníamos una lanza que llevaba Savannah, y Mateo propuso usarla para matar una foca para que pudiéramos tener algo de comer. Claudia se puso rojo y le regañó por haber pensado tal cosa, porque a ella le gustaba todo lo de la naturaleza y no creía en matar a los animales más grandes. Él le dijo que si no mataba a una foca, íbamos a morir de hambre. Entonces él conectó la lanza a una cuerda y la conectó al arco del buque para no perderla mientras cazaba. Mateo mató a dos focas, tanta carne para llenarnos por unos días.
Seguíamos perdidos por un mes más hasta que nos encontramos en la Isla Azul en el Mar de McKinley, que queda muy cerca al Segundo Polo Norte. Allí, encontramos una gente muy generosa con sus materiales y provisiones, y aparte, nos ofreció dónde dormir por la duración en que queríamos quedarnos. Exhaustos por el viaje y casi muertos de hambre, nos quedamos dos semanas en la Isla Azul (llamada así por las montañas que subieron tan cerca al sol, que el hielo que los cubrió reflejo un color azul muy fuerte, que brillaba durante el día y toda la noche). Savannah se quedó en el hospital unos días para mejorar, y Claudia, después de tanto estrés de perdernos y sintiendo la indignación de Savannah decidió quedarse unos días en un balneario. Yo y mi hermano nos quedamos unos días en la taberna más grande de la isla (y todo el mundo) y platicamos sobre la vida y el pasado, creciendo juntos en la misma casa.
Después de descansar y recuperar las fuerzas, continuemos el viaje a todas las islas. Yo decidí ser el encargado de la navegación, para no perdernos, y llegamos a cada isla a tiempo, de acuerdo con nuestro nuevo itinerario. Fuimos a la Isla Verde, y continuando a la dirección sur, llegamos a las islas de Los Hombres-Zorro, los Hombres-Pájaro, Los Sátiros, Los Hombres-Piojo, los Hombres-Araña, los Hombres-Corneja, los Hombres-Loro y al fin, La Isla Imperial. Pasamos un día en cada isla, ahora más cuidadosos todos por lo que le ha pasado a Savannah en la Isla de los Hombres-Simio.
Después de nuestro largo viaje, regresemos a Islandia, en donde aún vivimos, y yo me senté aquí en mi sofá que he extrañado tanto - para escribir nuestra historia.

Xara-Magiar

Xara-Magiar es un lugar maravilloso en dónde vive una gente sin los problemas que nos han pasado en nuestro mundo. Queda en el punto más alto del mundo; tan alto que aun nadie ha podido viajar hasta llegar a Xara-Magiar. En el camino, hay nieve y vientos horrorosos, pero cuando se llega al punto de esa montaña, todas las preocupaciones de la vida cotidiana desaparecen, y lo que queda es el esplendor de Xara-Magiar. Es como un velo que se levanta del camino de tormentos, que revela una tierra libre de peleas, guerras, polución, hambre y enfermedad. Los árboles crecen sin morir nunca, porque la nieve para en las puertas de esa ciudad.
El cielo es azul, un azul marino por la noche; que nunca se pone negro aunque las estrellitas son siempre visibles por el día y por la noche en Xara- Magiar. Las nubes regalan el agua a la tierra y a la gente que vive allí, pero muy lentamente y con gesto de amor, para que nadie se enfade.
La tierra está poblada de plantas de todos colores vibrantes: rosas, rojos, verdes y azules, turquesas, amarillos y naranjas – y los animales que viven allí son preciosos todos. No existe la muerte. No existe el enojo.
Mis amigos de allí nunca han llorado, menos cuando lloran por felicidad. La gente más madura de edad es muy sabia, y me cuentan las historias de hace centenarios. La gente de allí es de muchos colores y raíces, pero nunca ha habido la segregación y la discriminación. Los niños juegan afuera de la casa, porque sus madres no tienen por qué preocuparse de que algo malo les pase. Los niños regresan a la casa sucios de polvo, pero nunca se enferman por tener sucias las manos.
Hay cinco ríos que dan de beber y bañar a toda la gente, los animales y las plantas. Esos ríos nunca se ensucian. Pasan por tierras más verdes que las de todo el mundo, que existen sin corrupción humana o técnica.
Esta es la tierra de Xana-Magiar. Esta es la tierra más parecida al cielo. Es la tierra de paz y tranquilidad, y quiero volver a verlo otra vez, aunque sea en mis sueños.

Una entrevista con Richard Lamb

Una entrevista con Richard Lamb
Heydenburg: Mi nombre es Kaylin Heydenburg y yo estoy aquí con Richard Lamb, el protagonista de la novela The Purple Land, escrita por W.H. Hudson. El Señor Lamb nos ha dado el permiso de hacerle unas preguntas sobre sus viajes en la Banda Oriental, ahora conocida por Uruguay.
Señor Lamb, ¿a Usted le sorprendió el tanto tiempo que estaba viajando? ¿ o sea, por cuánto tiempo pensaba en viajar antes de salir de Montevideo?
Lamb: Esta es una muy buena pregunta, Señorita Heydenburg…
Heydenburg: Por favor, si me puede llamar Kaylin.
Lamb: Gracias, Kaylin. Entonces yo no tenía una idea exacta del tiempo que iba a pasar viajando por la Banda Oriental; solo sabía que mi esposa necesitaba a alguien que la pudiera apoyar, y mis recursos se habían desaparecido. Mi plan era ir con Don Policarpo Santierra de Peñalosa, el Mayordomo de una estancia y plantación en el departamento de Paysandù, presentarle mi carta de aprobación que le escribió Doña Isadora, la tía de mi esposa, y trabajar para él hasta que obtuviera una cantidad de dinero tan modesta como para apoyar a mi esposa. Pero después de unos días de intentar a trabajar en esta tierra, me di cuenta de que no existía un trabajo verdadero, y que no ganaría nada si me hubiera quedado. Por eso continuaba mi viaje en búsqueda de trabajo.
Heydenburg: Discúlpeme, pero me parece que Usted ha participado en varias actividades adicionales que no tienen que ver con la búsqueda del trabajo. ¿No pensaba Usted que estaba lejos de su esposa por demasiado tiempo?
Lamb: (se ríe) Bueno, cabe notar que al intentar a buscar algo, se encuentra mucho más en el camino. Eso es lo que me pasó a mí por todo mi viaje. Conocí a varias personas que no hubiera conocido si no hubiera viajado para encontrar trabajo. Yo fui tan afortunado al conocer un aspecto de la guerra que no los hubiera conocido sin buscar trabajo. Claro que sí, pensaba en mi esposa, y al empezar mi viaje, lo más importante era obtener una manera de ganar dinero para regresar con ella. Pero durante mi viaje, lo más importante evolucionó y llegó a ser la búsqueda de mi mismo, y mis opiniones sobre la tierra magnífica que ahora conozco como la Tierra Púrpura.
Heydenburg: y Señor Lamb, ¿Por qué razón la llamas “la Tierra Púrpura”?
Lamb: Pues, tiene muchos significados. En forma breve y concisa, yo uso este término para definir el color de la sangre rociado por la tierra que ha sido sacrificado por la libertad de los habitantes del país. También he visto que una gran parte del terreno del país está pintado en colores vívidos, uno de esos es el Púrpura. Además de ser un color de la tierra y de la sangre, es un color que representa la tristeza de unas personas que conocía por mi viaje, y quise incluir estas imágenes en mi diario. Por supuesto, la palabra “Púrpura” es un color bastante fuerte que evoca muchos pensamientos, emociones, e imágenes en la mente del lector, lo escogí en vez de un color más frecuentemente usado como el rojo o el naranja.
Heydenburg: sí, Señor Lamb, tiene razón. A mí me llamó la atención la mención de ese color también. Y Señor, Usted nos habla ahora de la sangre que encontró en su viaje, pero también nos cuenta que Usted tenía la opción de quedarse en un lugar salvo y libre de las amenazas de la guerra. Pero, ¿Por qué no se quedó allí?
Lamb: Bueno, no sé si tú recuerdas, pero me había fastidiado con los Británicos con quienes me estaba quedando por ese tiempo, y yo temía que yo llegaría a ser como ellos – borrachos, locos, sin trabajar, sin hacer otra actividad aparte de revelar lo cotidiano. Aunque sabía que tendría que continuar buscando trabajo, y que tal vez si fuere secuestrado por algunos rebeldes, me di cuenta de que ese destino será más valioso que una existencia viviendo como mis paisanos. También, durante estos días, había aprendido a apreciar un poco más la tierra por lo cual estaba pasando, y podía ver que continuar la mejor opción sería que quedarme.
Heydenburg: Y Señor Lamb, ¿Usted piensa en tomar otro viaje en el futuro?
Lamb: ¡Por supuesto! Pues, claro, después de salir de la prisión. Obviamente no puedo salir de aquí hasta que me liberen. Pero tengo muchas ganas de explorar otro país, aprender de su cultura, hacer nuevos amigos y también, llegar a conocerme a mí, como lo hice en mi última aventura.
Heydenburg: Bueno, gracias Señor Lamb, por permitirme esta entrevista. Yo sí he aprendido mucho de su vida, y le agradezco mucho por su tiempo.
Lamb: De nada; gracias por visitarme. A veces me siento solo aquí esperando salir para ver a mi esposa otra vez.